8 ago. 2010

Karl Marx - Grandes filósofos

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24 jul. 2009

MARK RYDEN, EL PINTOR DE NIÑOS





Esos locos bajitos

A comienzos de los ’70, un movimiento artístico se opuso a la alta cultura y el arte de las galerías alzando las banderas de una cultura juvenil y callejera: tatuajes, dibujos animados, punk, psicodelia y cultos religiosos. Veinticinco años después, un joven llamado Mark Ryden finalmente consiguió para aquel grupo low-brow el reconocimiento que merecía: hoy, Tim Burton y Stephen King son sus principales coleccionistas, las galerías aceptan su trabajo felices y comparan sus cuadros con los de un Brueghel o un Bosco contemporáneo.






Por algo Tim Burton es el coleccionista más importante de Ryden, seguido de Stephen King; Burton también colecciona la obra de Margaret Keane, artista kitsch de los años ’60 que se especializa en niños –sobre todo niñas– de ojos grandes, como en el animé y el manga japonés. Pero si Keane apenas sugería lo siniestro, Ryden lo expone: sus niños-esposos lloran sangre, sus reinas contienen mundos superpoblados de seres deformados, hay conejos simpáticos que son carniceros y hacen brutalmente su trabajo frente a nenas sonrientes. “Hay una delgada línea entre ser mórbido y ser observador”, escribe el crítico de Seattle Andrew Engelson. Ryden, como William Burroughs, desnuda el almuerzo en nuestros tenedores, para recordarnos constantemente sobre la violencia que duerme bajo la superficie de nuestras plácidas y pequeñas vidas. Además de ser un meticuloso pintor anticuado, muy de vieja escuela, Ryden es un creador de iconos posmodernos. Sus cuadros están cargados de una extraña e inescrutable cantidad de símbolos personales que abren la puerta a una vida secreta. Una y otra vez aparece Abraham Lincoln, abejas, animales de peluche, estatuas de Jesucristo, citas a la numerología, a las tradiciones religiosas mundiales, los fluidos corporales, y cantidad de niños de ojos grandes. Como sabe cualquiera que haya pasado más de diez minutos con ellos, los niños no son ángeles inocentes, sino voraces observadores de lo que los adultos tratan de esconder. Ryden posee una fascinación infantil con lo asqueroso, como los niños. Sus cuadros insisten en que somos carne, pero carne que además puede leer filosofía.


24 jun. 2009

Borrelli y sus obras luminiscentes

Borrelli ha estado pintado una cantidad de cuadros fantásticos que tienen la particularidad de contener dentro de sí aquellas figuras que se manifiestan en la oscuridad. Vale decir que a partir de su técnica podemos ver lo que la penumbra oculta, visiones nocturna.
Yo lo pienso de esa manera, sus imágenes también captan y expresan el valor de la ausencia. Pero tal vez sea mi propia tendencia a buscar aquellas cosas que por su propia índole se nos ocultan y faltan.
Pasen y vean.

6 ene. 2009

Giger






SIN PALABRAS

25 sept. 2008

Max Ernst (el ángel del hogar) y (el ojo del silencio)



Sobre la imagen de la abajo (Max Ernst, El ojo del silencio (1943-1944) comenta Victoria Cirlot: "se observa un paisaje poblado de ojos, un paisaje que es contemplante y contemplado a un tiempo, en una anulación entre sujeto y objeto, y que parece responder al célebre aserto plotiniano de "el ojo no podría ver el sol si no fuese en cierto modo el sol" (o. c. 102). Los poetas músicos y pintores nos orientan en este camino del silencio en el que los místicos se zambullen en una experiencia hasta cierto punto inefable (Eckhart, Budismo Zen ...)

Biografía:

Artista alemán nacionalizado francés que fue una figura fundamental tanto en el movimiento dadá como en el surrealismo. Se caracterizó por la utilización de una extraordinaria diversidad de técnicas, estilos y materiales. Nacido en Brühl, en 1891 ingresó en la Universidad de Bonn donde estudió filosofía y psiquiatría. Se alistó en el ejército alemán durante la I Guerra Mundial. Cuando Ernst dejó el ejército ya había surgido en Suiza el movimiento dadá, atraído por la revolución dadaísta contra lo convencional, Ernst se instaló en Colonia y comenzó a trabajar en el collage. En 1922 se trasladó a vivir a París, donde comenzó a pintar obras surrealistas en las que figuras humanas de gran solemnidad y criaturas fantásticas habitan espacios renacentistas realizados con detallada precisión L eléphant célèbes (1921, Tate Gallery, Londres). En 1925 inventó el frottage (que transfiere al papel o al lienzo la superficie de un objeto con la ayuda de un sombreado a lápiz), más tarde experimentó con el grattage (técnica por la que se raspan o graban los pigmentos ya secos sobre un lienzo o tabla de madera). Ernst fue encarcelado tras la invasión de Francia por los alemanes durante la II Guerra Mundial, en la prisión trabajó en la decalcomanía, técnica para transferir al cristal o al metal pinturas realizadas sobre un papel especialmente preparado. En 1941 emigró a Estados Unidos con la ayuda de Peggy Guggenheim, que se convertiría en su tercera esposa en 1942. En 1953 regresó a Francia y a partir de entonces sus obras gozaron de una notable revalorización. A lo largo de su variada carrera artística, Ernst se caracterizó por ser un experimentador infatigable. En todas sus obras buscaba los medios ideales para expresar, en dos o tres dimensiones, el mundo extradimensional de los sueños y la imaginación.